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blueangel
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Habia una vez una rosa roja muy hermosa y bella. Se sentia de maravilla al saber que era la rosa mas bella del jardin. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veia de lejos. Un dia se dio cuenta de que al lado de ella siempre habia un sapo grande y oscuro y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordeno al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: Esta bien, si asi lo quieres. Poco tiempo despues el sapo paso por donde estaba la rosa y se sorprendio al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin petalos. Le dijo entonces: Vaya que te ves muy mal. ¿Que te paso? La rosa contesto: Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido dia a dia, y nunca pude volver a ser igual. El sapo solo contestó: Pues claro,cuando yo estaba aqui me comia a esas hormigas y por eso siempre eras la mas bella del jardin.
Muchas veces despreciamos a los demas por creer que somos mas que ellos, mas bellos o simplemente porque inconscientemente creemos que no nos "sirven". Nadie sobra en este mundo, todos tenemos algo especial que hacer, algo que aprender de los demas o algo que enseñar. Todos somos especiales.
Jesús enseña lo que es la vida y, por ella, cómo es el Padre, su Creador. ¿Qué colegios conocemos nosotros que usen como texto al hombre, la comunicación, el respeto y cómo es la vida y cómo se debe respetar a los hijos y prepararlos para que sean felices? Comenzamos con unos medios para llegar a un fin, pero en seguida olvidamos el fin para quedarnos enredados en los medios; al final hacemos un fin de los medios. Absolutizamos el medio.
La espiritualidad -como la flor-, ha de mostrar simbólicamente la realidad, cuidando que no nos quedemos en los símbolos y matemos al Mesías. El símbolo no es lo sagrado -como no es sagrada la flor-, lo sagrado es la realidad que descubre. Es el perro el que mueve la cola, no podemos quedarnos fijados en la cola creyendo que es ésta la que mueve al perro.
Dios no se encuentra en el templo, sino en la vida. La oración se hace para que tengas cada vez más conciencia de ti. La religión puede ser de gran ayuda mientras no la hagas más importante que Jesucristo. "Al leer mi poesía de Dios, no te dejes llevar por la idolatría", dice Tagore. Por esa idolatría la gente sigue crucificando al Mesías. Dios es el Misterio.
Cuando el hombre se hace religioso es capaz de cometer las mayores crueldades por defender un concepto de verdad creyendo que cumple la voluntad de Dios. El comunista adoctrinado se molesta mucho cuando se critica al comunismo. Los religiosos adoctrinados también se molestan cuando se critica la religión. Ellos se creen no sólo los poseedores de la verdad, sino los vengadores y justicieros de quien no la cumple. Se sienten los guardianes de Dios, sus abogados, y en nombre de esa fanática creencia, hay que reconocer las enormes crueldades que se producen aun en los conventos. Se hace de forma inconsciente, creyendo que es un servicio a Dios.
Es preciso que despertemos a esta realidad de que la religión no existe -y puede ser muy dañina- si en ella no está la realidad, la vida. Porque sólo la vida y la realidad nos muestran la verdad.
También Pablo fue cruel inconscientemente, por fanatismo, creyendo que hacía un servicio a Dios. Era su programación la que lo guiaba, y ponía todo su entusiasmo y su fuerza en ello. Pero él fue golpeado y despertado por la realidad que lo tiró del caballo y le dio la luz. Es la realidad la que nos tiene que despertar. Si hay tanta crueldad en el mundo es porque nos falta sensibilidad para despertar a la verdad. Caernos del caballo del poder y la violencia para dar de cara contra el suelo de la realidad y despertarnos a la luz de la verdad.
La Intuición es el susurro del alma. Es Intuición la palabra guiadora de vuestra vida. Cuanto más armonicemos por el perfeccionamiento y la purificación nuestras intensas emociones y agudos pensamientos, más aptos seremos para oír esta Voz, la Intuición, que es común a todos, la Intuición, que pertenece colectivamente a la humanidad y no a un particular individuo. Debéis tener vivos sentimientos de amor, de intensa dicha o de sincera bondad. Quien carece de emociones no sirve para nada, mientras que quien intensas las tiene, aunque de siniestra índole, puede siempre tratar de refinarlas y perfeccionarlas. La persona insensible e indiferente no puede crear, destruir ni edificar. Observaréis que un gran destructor nunca es persona mezquina sino que algo admirable hay en él. Tampoco es mediocre ni endeble un gran amador. Cuantos más sentimientos y emociones tengáis, tanto mejor; pero al propio tiempo habéis de aprender a dominarlas, porque las emociones son como las malas hierbas, que si no las escardáis infectarán el jardín. Si tenéis débiles emociones, pero las vais alimentando día tras día, acabarán por crecer y vigorizarse. La idea de que no debemos tener sentimientos ni emociones es absurda y contraria a la espiritualidad. Cuanto más fervorosos sean vuestros sentimientos, mejor; pero habréis de dominarlos so pena de sufrimiento. Si no los domináis os apartaréis de vuestra Intuición y os extraviaréis por vericuetos en vez de seguir el camino recto hacia vuestro ideal.
Tened formidables sentimientos y disfrutad de ellos. No seáis negativos, sino intrépidamente emprendedores. Digo esto con tanta vehemencia, porque todos tenemos propensión a ser de un mismo tipo, a pensar de una misma manera, a congregarnos en torno a la misma persona, y tememos no poder adelantar si no pertenecemos a tal o cual actividad. Pero, ¿qué es el adelanto? Es vuestra propia felicidad. El adelanto es tan solo una palabra. Yo preferiría ser feliz a cuantas mezquinas satisfacciones pueda el mundo dar. ¿Qué importa la religión a que pertenezcáis ni la fama de que gocéis mientras os sintáis verdaderamente felices y podáis mantener absolutamente claro y distinto vuestro ideal?
Imaginaos por un momento al señor Buda y Sus discípulos. Fueron las grandes excepciones de su época. Todos tenían un solo Maestro, una sola meta un solo ideal: Él. Y sin embargo, cada uno de ellos tenía la chispa del genio. No eran mediocres porque seguían a Quien era la excepción, la flor de la humanidad, y todos deben llegar a ser un tal ejemplo
Krishnamurti: Para comprender cualquier cosa no solamente lo que yo digo sino cualquiercosa- ¿qué se requiere? ¿Qué se necesita para entenderos a vosotros mismos, para comprender a vuestro esposo, a vuestra esposa, para comprender un cuadro, el paisaje, los árboles? Verdadera atención, ¿no es eso? Porque, para entender algo, tenéis que dedicarle todo vuestro ser, vuestra atención integra, plena profunda, ¿no es así? ¿y, cómo puede haber atención plena, cuando estáis distraídos? Por ejemplo: cuando tomáis notas mientras yo estoy hablando, captáis, probablemente, una buena frase y os decís: “Cáspita, voy a anotar eso; voy a usarlo en mi disertación”. ¿Cómo puede haber plena atención cuando sólo os interesan las palabras? Esto es, estáis concentrados en el nivel verbal, por lo cual sois incapaces de sobrepasar ese nivel verbal. Las palabras son tan sólo un medio de comunicación. Pero si no sois capaces de comunicaros y os apagáis a las meras palabras, es obvio que no puede haber plena atención. No hay, por lo tanto, recto entendimiento.
El escuchar es, pues, un arte, ¿verdad? Para entender algo debéis prestar plena atención, y eso no es posible cuando de algún modo os distraéis: cuando tomáis notas o no estáis cómodamente sentados, cuando lucháis por comprender haciendo un esfuerzo. El hacer un esfuerzo por comprender, evidentemente, es un estorbo para la comprensión porque toda vuestra atención se emplea en hacer el esfuerzo. No sé si alguna vez habéis notado que, cuando algo que otra persona dice os interesa, no hacéis esfuerzo alguno, no erigís un muro de resistencia contra la distracción. No hay distracciones cuando estáis interesados; prestáis plena atención a lo que se está diciendo, ansiosamente, con espontaneidad. Cuando hay interés vital, hay atención espontánea. La mayoría de nosotros, empero, halla muy difícil esa atención, porque tal vez conscientemente, en el nivel superficial de la mente, queréis entender, pero en lo íntimo hay resistencia; o bien el deseo de comprender puede ser profundo, mientras en lo exterior, en la superficie, es donde hay resistencia.
Para prestar, pues, plena atención a alguna cosa, tiene que haber integración de todo vuestro ser. En efecto: mientras en un nivel de la conciencia deseáis quizá descubrir, saber, es posible que en otro nivel ese mismo saber signifique desilusión, ya que puede, que os haga cambiar totalmente vuestra vida. De modo, pues, que hay una contienda interior, una lucha íntima de la que quizá no os dais cuenta. Aunque creáis prestar atención, hay en realidad una distracción que continúa, interior o exteriormente; y esa es la dificultad.
La conferencia que el Maestro iba a pronunciar sobre LA DESTRUCCION DEL MUNDO había sido profusamente anunciada, y fue mucha la gente que acudió a los jardines del monasterio para escucharle.
La conferencia concluyó en menos de un minuto. Todo lo que el Maestro dijo fue:
Estas son las cosas que acabarán con la raza humana:
La política sin principios. El progreso sin compasión. La riqueza sin esfuerzo. La erudición sin silencio. La religión sin riesgo. el culto sin consciencia".
Cuando, debido a un accidente, el cacique de la aldea perdió el uso de sus piernas, tuvo que caminar con muletas. Poco a poco, fue aprendiendo a moverse con rapidez, llegando incluso a bailar ya realizar pequeñas piruetas, para regocijo de sus vecinos.
Luego se le metió en la cabeza la idea de adiestrar a sus hijos en el uso de las muletas, no tardando en convertirse en un símbolo de prestigio en aquella aldea el caminar con muletas; y al cabo de poco tiempo, todo el mundo caminaba de ese modo.
Pasadas cuatro generaciones, no había nadie en la aldea que caminara sin muletas. La propia escuela incluía en su currículum un curso de «Muletería teórica y aplicada», y los artesanos de la aldea se hicieron célebres por la calidad de las muletas que fabricaban. Llegó incluso a hablarse de
crear unas muletas accionadas electrónicamente.
Un día se presentó un joven turco ante los jefes de la aldea y les preguntó por qué todo el mundo caminaba allí con muletas, a pesar de que a todos les había dado Dios unas piernas para caminar. A los ancianos les hizo gracia que aquel insolente joven se considerara más listo que ellos, y
decidieron darle una lección. «¿Por qué no nos enseñas cómo se hace?», le dijeron.
«De acuerdo», dijo el joven.
Y se determinó que la demostración tuviera lugar el sábado siguiente, a las diez en punto de la mañana, en la plaza de la aldea. Allí estaba todo el mundo cuando llegó el joven al centro de la plaza caminando con ayuda de unas muletas; y cuando el reloj de la aldea comenzó a dar la hora, el joven se irguió y soltó las muletas. La multitud guardaba un expectante silencio mientras él daba un
enérgico paso adelante... y caía de bruces.
Con lo cual, todos se confirmaron en su creencia de que era absolutamente imposible caminar sin ayuda de unas muletas.
Érase un viejo y santo ermitaño que practicaba una rigurosa ascesis corporal, pero que no estaba precisamente dotado de excesivas luces. Aquel hombre acudió al abad Juan para preguntarle acerca de la falta de memoria; y, tras haber escuchado sus sabias palabras, regresó a su celda. Pero en el camino olvidó lo que el abad Juan le había dicho.
De modo que volvió sobre sus pasos para escuchar de nuevo las mismas palabras. Pero, una vez más, de camino a su celda, lo olvidó. El hecho se repitió varias veces: escuchaba al abad Juan y, cuando regresaba a su celda, su congénita falta de memoria le jugaba una mala pasada.
Muchos días después, se encontró casualmente con el abad Juan y le dijo: «¿Sabe usted, Padre, que volví a olvidar de nuevo lo que usted me dijo? De buena gana, habría regresado a verle a usted, pero ya le había dado la lata suficientemente y me daba apuro llegar a convertirme para usted en un agobio.»
Entonces el abad Juan le dijo: «Ve y enciende una lámpara” El anciano hizo lo que se le había ordenado. Luego le dijo el abad: «Trae unas cuantas lámparas más y enciéndelas con la primera que has encendido». Y el anciano volvió a hacer lo que se le había dicho.
Una vez más, habló el abad Juan para decirle: «¿Ha experimentado alguna pérdida la primera lámpara por el hecho de que las restantes lámparas hayan recibido de ella la luz?»
«No», respondió el anciano.
«Bueno, pues lo mismo ocurre con Juan. Si, en lugar de ser únicamente tú, fuera la ciudad entera de Scetis la que viniera a mí en busca de ayuda o de consejo, yo no experimentaría por ello la más mínima pérdida. De manera que no tengas reparo alguno en venir a verme todas las veces que quieras.»
Otra historia de los Padres del Desierto:
En cierta ocasión, un Hermano le hizo la siguiente pregunta a uno de los ancianos: "Conozco a dos hermanos, uno de los cuales no sale nunca de su celda, donde ora constantemente, ayuna seis días a la semana y practica las más rigurosas penitencias. El otro, por el contrario, emplea todo su tiempo en cuidar a los enfermos. ¿Cuál de los dos crees tú que es más del agrado de Dios?»
El anciano le respondió: "Si el hermano que se da a la oración y al ayuno se colgara de la nariz por espíritu de penitencia, no igualaría con ello un solo acto de bondad del que se dedica a cuidar a los enfermos.»
Hola Gema, solamente quería agradecer tu paso por mi espacio y el comentario que has dejado. Me alegra que te gustara lo que leíste. He visto en tu perfil que eres de Madrid, mi novia también lo es, pero vivimos aquí los dos, lejos del caos de la ciudad. Por otra parte, he visto que eres Maestra de Reiki Usui Tibetano, yo también. Sin embargo, llevo varios meses sin practicar por un problema de energías al que no supe darle solución, si seguimos en contacto ya te diré. Bueno, al respecto de tu espacio, decirte que tiene cosas muy interesantes. Le echaré un vistazo con más detenimiento. Ya sabes que, al mío, estás invitada cuando quieras. Dejo la puerta abierta para que te pasees a tus anchas, como si estuvieses en tu propia casa. Ha sido un placer. Un fuerte abrazo.